2001 Odisea en el… ¡Cine!

En el espacio de «Contenidos Alternativos» de Cinepolis han programado algunas películas de Stanley Kubrik, entre ellas una de mis favoritas (si no es que mi favorita): 2001 Odisea en el Espacio. Estoy seguro que debo haberla visto más de 10 veces, pero nunca en el cine, así que esta oportunidad no la iba a dejar pasar.

La última función en cartelera era a las 5 de la tarde, y ya eran las 4:15. Mi lado racional me decía que desistiera, total, ya la he visto muchas veces. Pero el otro lado me obligo a seguir con el plan.

Verifiqué la disponibilidad de boletos en línea y no podía creer que todos los buenos lugares ya habían sido vendidos. De hecho, solo quedaban unos cuantos en las orillas y en las primeras y últimas 3 filas. Creía que estaría en una sala casi vacía puesto que ¿quién diablos iba a querer pagar por ver una película rara de casi 50 años? Vaya grata sorpresa.

Por fin logré entrar barrido a la sala de cine, que se veía casi llena. Los presentes muy variados, desde adolescentes hasta unos adultos mayores… y un niño, al menos uno de esos que apenas comienzan a hablar y parecen estar enamorados del sonido de sus gritos.

Ya en mi butaca y durante los adelantos de películas me entró la duda si en verdad era necesario ver 2001 una vez más. La he visto tantas veces que no creo pueda encontrarle algo nuevo, como suele suceder con esas películas que seguimos viendo incansablemente. Tenía pensado salirme cuando sintiera que había sido suficiente.

La pantalla se oscureció y una música misteriosa comenzó a sonar, era la apertura a la odisea espacial. Esos 3 minutos en la oscuridad fueron para algunos muy largos e incómodos, pues no tardaron en encender su teléfono para revisar sus mensajes. En mi caso aproveché para hacer un repaso mental de las escenas más memorables, a modo de intensificar las expectativas y convencerme de quedarme hasta el final.

Pensé en el vals espacial, el módulo descendiendo lentamente en la base lunar, el viaje psicodélico en «Júpiter y más allá del infinito». Con eso último bastó para que en mi cara se pintara una gran sonrisa.

La calidad de la imagen y sonido, a pesar de ser muy buena, no tenía absolutamente nada de especial. Era la copia de siempre, sin remasterización o grandes mejoras de ningún tipo. La imagen presentaba ruido, grano y poca definición, y el sonido a lo mucho estereofónico, opaco y plano. Qué fácil es acostumbrase al hiperrealismo de los nuevos formatos, a sus imágenes ultra definidas y sonido envolvente y estruendoso.

A pesar de las relativas limitaciones técnicas de una película de 1968, los espectadores jóvenes reaccionaron muy bien a ella. Algunos estaban tan metidos en la trama que exclamaron su indignación cuando HAL se reveló contra la tripulación. Me dio muchísimo gusto escuchar sus «tsss» o «iiih». Había quienes se reían de algunas escenas que no eran intencionalmente cómicas; como cuando los simio/humanos matan a golpes a uno de los suyos, o cuando HAL provoca el accidente donde Frank sale disparado al espacio. Si esas escenas provocan risa es porque ya no pasan la prueba del tiempo.

Algo que me llamó mucho la atención fue ver como parte de los espectadores se sintió mal cuando el villano fue derrotado, y aunque parezca mentira, la muchacha a mi lado lloró cuando HAL comenzó a cantar Daisy.

En la «escena» del intermedio, que dura poco menos de 3 minutos, varios aprovecharon para echarle un ojo a sus teléfonos (de nuevo). A pesar de la total oscuridad unos 20 incautos se salieron de la sala creyendo que se trataba de un intermedio real de 10 minutos o más. A los indecisos les tocó que reiniciara la historia justo cuando iban bajando las escaleras, y ahí van de vuelta corriendo a su lugar.

Al final de la película un pequeño grupo comenzó a aplaudir en cuanto comenzaron a rodar los créditos y otro más se les unió con timidez, fue muy tibio y breve.

En resumen, la experiencia de haber visto por primera vez este clásico en el cine fue muy grata.

Ya he perdido la cuenta de cuantas veces he visto 2001 Odisea en el Espacio, y aunque suene trillado, esta enésima vez me he percatado de nuevos detalles. Nunca me había fijado que hay varios aparatos de la marca IBM. El final hasta me pareció como si fuera de una «edición especial» porque no lo recordaba así, pero llegando a casa lo he cotejado con mi copia y es igual.

Si son fanáticos de esta película u otra que no hayan podido experimentar en una sala de cine, háganse el favor de ir a verla cuando esté proyectándose en su ciudad. Es una experiencia totalmente distinta ir a ver una película de estreno a una que la mayoría de los asistentes guardamos en un lugar muy especial de nuestro corazón.